Bariloche, aventura todo el año

Los paisajes de la ciudad invernal por excelencia se disfrutan en las cuatro estaciones. Aventuras y deportes se combinan con chocolates, gastronomía y una intensa vida nocturna.

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Nieve, lagos, montañas, bosques. La naturaleza en Bariloche dice presente de diversas formas y cobija a los viajeros llenándolos de excusas para entrar en acción. En este rincón de la Patagonia declarado Capital Nacional del Turismo Aventura siempre hay una travesía por emprender y también hay espacio para la vida de gran ciudad, que incluye gastronomía, adrenalina y postales clásicas y memorables.

Aquí está el Nahuel Huapi, primer Parque Nacional de Argentina y América Latina, con sus leyendas. El entorno silvestre conecta a los viajeros con el medio ambiente y enseguida se suman a alguna salida de canopy o de rafting, a practicar senderismo, escalada o rapel, a vivir lagos y ríos en kayak o embarcados para pescar. No falta quien elija una tranquila cabalgata o un paseo en bicicleta mientras los más osados bucean o vuelan en parapente. Los que buscan nuevas tendencias se anotan en una clase de stand up paddle y los grupos aventureros en una travesía en 4x4. Por supuesto, en temporada, el esquí y otros deportes invernales son las estrellas tanto como una buena taza de chocolate caliente al caer la tarde. Y, gracias a la herencia de las migraciones europeas, Bariloche es la Capital Nacional del Chocolate, así que no falta en ninguna de sus variantes y nadie evita rendirse ante el clásico artesanal en rama.

La gente de la zona recibe a todos con calidez y amabilidad y la aconsejan con su sabiduría sobre cómo encarar la vida de montaña. Entonces, ahí salen los visitantes, a recorrer un bosque y sentir la frescura, el aroma de los árboles y el viento en la cara. A escuchar el sonido de cascadas milenarias y dejar huellas sobre la nieve o alcanzar un refugio donde esperar un guiso calentito y reparador y hasta una cama donde pasar la noche.

Por tierra, por aire o por agua hay opciones llenas de acción para emprender junto a guías especializados en la montaña.  Y todo el año, en una semana como estadía mínima, hay mucho por combinar con la naturaleza: un paseo por el centro cívico con la cámara de fotos en mano, una salida de compras para arrasar con chocolates y artesanías –en especial de cerámica–, una tarde de té en el tradicional hotel Llao Llao o una cena de gastronomía regional. Por supuesto, esta es por excelencia la ciudad de turismo estudiantil y eso conlleva una buena vida nocturna, así que tampoco faltan los boliches y bares donde divertirse hasta caer rendido ante el sueño. Mañana será otro día y los viajeros deberán levantarse para –dependiendo de la época del año- seguir con un picnic a la orilla del lago, una clase de esquí en el centro más emblemático de Sudamérica o un chocolate con torta en una pintoresca cabaña.

A esta región de Río Negro se llega en avión al Aeropuerto Internacional de Bariloche; en ómnibus o en auto, por la Ruta 3, 22, 251, 6, 250, 23, 40, 237 y 151.