Variedad de delicias rionegrinas para todos los gustos

Mar, estepa, valle y montaña enriquecen la gastronomía sureña con los más variados sabores. Vas a necesitar varios días para probarlos todos, en medio de un paisaje encantador y maridados con vinos y cervezas artesanales.

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La provincia de Río Negro se congracia con cuatro regiones y cada una aporta sus características a la gastronomía dando como resultado una variedad espectacular para cualquier paladar. Mar, montaña, valle y estepa conforman un menú único y muy completo, así que a arremangarse, tomar una servilleta y decidir con calma y entusiasmo por dónde empezar.

El valle sureño sorprende con sus frutas, con las manzanas y las peras como reinas de las plantaciones, teniendo aquí incluso sus fiestas nacionales. Los viajeros se endulzan en la cosecha y degustan algunas frutas directamente de la tierra y el recorrido sigue por los viñedos, catando vinos de alta gama, sidras y cervezas artesanales que siempre encuentran frutas de carozo, frutos secos y embutidos regionales con los que maridarse.

La riqueza del mar también suma a sus sabrosos frutos y los viajeros disfrutan de largos almuerzos y cenas llenos de mariscos y pescados preparados de las más diversas formas. Salmón de mar, merluza, pejerrey, lenguado, róbalo y lisa son de los que más figuran en las cartas de la zona, además de una amplia variedad de moluscos que incluye almejas, cholas, mejillones, pulpos y berberechos. Las Grutas, La Rinconada y el Sótano son los principales puntos de donde proviene esa riqueza, mientras que en San Antonio Este se da la pesca tradicional de conchilla.

Los chefs hacen gala de todo tipo de preparaciones con estos alimentos en una amplia gama de restaurantes y los lugareños se especializaron en una cocina artesanal basada en los frutos del golfo, entre los que se destacan la tradicional “salmoneada”, cazuela de mariscos, pulpitos en escabeche, rabas o cornalitos fritos, almejas gratinadas y calamares rellenos, siempre ofrecidos con vinos regionales. Las paellas, las milanesas de merluza y los cócteles de camarones están a la orden del día como las ostras, el lenguado a la crema y la sopa de cangrejos, entre muchas otras delicias.

De la montaña también llegan pescados, como la trucha y hay muchos sabores por probar. Los ahumados están presentes en bebidas y comidas y se destacan los chocolates, que llegaron de mano de los inmigrantes europeos hace más de cincuenta años. Hoy hijos y nietos los siguen realizando con recetas ancestrales, y lo que supo ser alimento básico para las expediciones de montaña en la actualidad es un gusto popular presente en cada refugio, cada restaurante y cada chocolatería. Vale también llevarlos de souvenir y, si hace frío, degustar aquí mismo uno con cognac o whisky mientras los chicos prueban uno con dulce de leche o praliné.

A escasos kilómetros de la ciudad de Bariloche, Colonia Suiza es un bello paraje de montaña que recibe a los viajeros con altos cerros, bosques de cipreses y antiguos coihues. Este rincón está ligado directamente a la gastronomía cordillerana y ofrece una variada gama de cocina: repostería en pintorescas casas de té, cervezas artesanales de gustos exóticos, ahumados y dulces, elaboradas con frutas finas de la región. Uno de los principales atractivos de esta región es el curanto, tradición que viene del araucano y significa “piedra caliente”. Después de atravesar el Pacífico y pasar por Chile, esta ancestral técnica llegó a la Patagonia cordillerana donde los habitantes le agregaron sus ingredientes y hoy es una exquisita comida propia de la zona. La preparación implica toda una ceremonia de cocción por medio del calor de piedras, que se colocan en un hoyo en la tierra de 15 cm. de profundidad previamente calentadas al rojo vivo. Un colchón de hojas de nalca o maqui rematan la base sobre la que se coloca cada ingrediente: carne de vaca, de cordero, de cerdo, pollo, chorizo, salchicha parrillera, papa, batata, manzana, cebolla, zanahoria y zapallo ahuecado rellenos con queso, crema y arvejas. Todo tapado con lienzos húmedos y tierra se cocina durante casi tres horas.  Probarlo es una experiencia única, que incluso tiene en Bariloche su Fiesta Nacional.

La estepa es sinónimo de cordero. La carne de este animal en la región es reconocida mundialmente por su ternura y sabor y esto se debe a la cría en un ámbito puro, de pasturas naturales. El bajo contenido de grasa y  los aromas se sienten cuando cada viajero lo prueba a las llamas, a la sartén, agridulce o al vino, aunque lo más elegido es el asado. El manjar, bien adobado con ajo, perejil, romero, ají y menta, se espera entre una buena copa de vino y unos quesos combinados con charlas.

Hay que tener curiosidad y capacidad de sorpresa para descubrir estos sabores y sobre todo buen apetito. El resto llega solo, con historias y aromas que encierran décadas de tradición.

A Río Negro se llega en avión al Aeropuerto Gobernador Castello, en Viedma, o al Internacional de Bariloche; en ómnibus o en auto, por la Ruta 3, 22, 251, 6, 250, 23, 40, 237 y 151.